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Huyendo del coronavirus

Día 7 – Caminando por Hyde Park

Hoy decido que, de una vez por todas, tengo que ir al centro de Londres. Mi misión del día es llegar al centro de la ciudad caminando.

Lo llevo postergando días porque no tengo claro lo de gastar dinero, y caminar hasta allí toma casi dos horas. Y regresar caminando dos horas a casi 5ºC es una decisión dura. Pero salgo decidido.

Dejo atrás este autobús en Willesden porque me da miedo que sea demasiado caro. Más tarde descubro que cada viaje vale 75 peniques.

Tras perderme por los borough del Gran Londres, cuando menos cuenta me doy estoy delante de Hyde Park, nada menos.

Pocos transeúntes, pero suficientes en un día despejado y frío. Si algo me gusta mucho de Londres es cómo son capaces de combinar zonas verdes y animales domésticos, una lucha que en España parece perdida.

Empiezo a entender, no ya las cifras de muertos tan baja respecto a los países latinos, sino la saludo en Reino Unido en general.

Los sajones y germánicos invierten en salud de otra manera. Mientras en España se trabaja para pagar políticos y tirar millones de euros en cubrir el paisaje de hormigón, los sajones cubren de verde sus vidas. Apuestan por el oxígeno y el verdadero bienestar.

Y Hyde Park es un símbolo de algo que caracteriza a un país. Algo que en España no vi en ninguna parte. Los jardines son los verdaderos motores y pulmones de las ciudades europeas y una asignatura más que perdida en España. Recuerdo haber leído largo sobre este tema tiempo atrás.

La Reina Victoria en Hyde Park.

Dejo atrás la fuente de la Reina Victoria para llegar hasta una de las puertas del parque que da al Royal Albert Hall.

Ahí doy una vuelta por las calles del centro cerca de Gloucester Road. Pero hace tanto frío que no puedo resistirlo más y me doy por donde vine.

Hyde Park vacío.

Hago el camino a la inversa y me fijo en cómo se queda desolado el parque en minutos.

La inquietud se respira en las partículas de oxígeno que pululan dentro del parque.